- Los servicios de los hospitales que asistieron ambas catástrofes analizan en el Congreso de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias el abordaje en las UCI de los pacientes más graves.
- En Valencia, el paciente ingresado fue mayormente por causas indirectas.
- En Córdoba, ingresos con diferentes traumas graves y mayor estancia en UCI.
Madrid, 11 de junio de 2026. “El médico intensivista es clave en los incidentes de múltiples víctimas. Su liderazgo clínico y organizativo le permite estar al frente de comités de crisis y de planes específicos de catástrofes, llevar a cabo el triaje de los pacientes bajo criterios éticos y decidir la gestión de los recursos para pacientes críticos, como una posible expansión de camas o la coordinación multidisciplinar de todos los equipos implicados”, explica la doctora Carmen de la Fuente, jefa del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Univ. Reina Sofía de Córdoba.
Habla con conocimiento de causa. Su Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) fue la que centralizó a buena parte de los pacientes más graves del accidente ferroviario que ocurrió en Adamuz el pasado 18 de enero. La labor de intensivistas, enfermería, técnicos… durante la noche del accidente y los días posteriores fue clave para una gestión que implicó a todos los servicios cordobeses y que se sumaba a la que estaba en marcha por los equipos de emergencias.
Algo parecido ocurría un año antes en las UCI de Valencia por la DANA. “La inundación demandó los servicios de críticos de forma significativa. Diferenciamos tres tipos de pacientes: los afectados directos, los que no pudieron atender sus patologías crónicas por la dificultad del acceso a la medicación o al soporte; y quienes se vieron afectados por situaciones derivadas de la DANA, como por ejemplo las complicaciones bacterianas por el enlodamiento de las calles y casas, a las que se sumaba la dificultad de acceso al sistema sanitario”, indica la doctora Paula Ramírez, intensivista del Hospital Univ. La Fe de Valencia.
Ambas doctoras expusieron en el Congreso Nacional de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC), celebrado hasta ayer en Madrid, el trabajo de los intensivistas tanto frente a la DANA como tras el accidente ferroviario; y cómo la respuesta coordinada desde las UCI facilita los mecanismos de cooperación en catástrofes. “El compromiso de los especialistas en Medicina Intensiva por una asistencia sanitaria basada en la excelencia y en la humanización es un hecho; y es ante catástrofes, pandemias y accidentes de gran magnitud como la DANA o el accidente de Adamuz cuando se pone aun más de manifiesto. Que nuestro trabajo diario implique el abordaje completo del paciente critico en todas las áreas nos faculta para responder con certidumbre y seguridad, haya o no la necesidad de implementar medidas excepcionales”, explica el doctor José Garnacho, presidente de la SEMICYUC.
PERFIL DEL INGRESADO EN UCI. Los Servicios de Medicina Intensiva de Valencia atendieron a 26 pacientes críticos relacionados con la DANA. Repartidos entre tres hospitales de la capital, tenían una media de edad de 60 años, mayoritariamente con enfermedades crónicas. Los diagnósticos incluyeron traumatismos, eventos cardiovasculares, infecciones y descompensación de enfermedades crónicas por interrupción del tratamiento. Más del 50% presentó retrasos en diagnóstico o transporte y la mediana de estancia en UCI fue de 3 días.
“Pocos pacientes ingresaron por efecto directo de la inundación. La mayoría de los casos por traumatismo fueron tan graves y violentos que no llegaron a los hospitales. La necesidad de UCI tras la DANA se debió principalmente a consecuencias indirectas, en muchos casos relacionados con enfermedades crónicas, e incluso tuvimos complicaciones infecciosas, en concreto varios casos de leptospirosis”, explica la doctora Ramírez.
Los intensivistas valencianos han publicado un estudio en la revista Medicina Intensiva sobre el abordaje de los ingresos por la DANA. “A pesar de la magnitud de la catástrofe, resulta sorprendente que no se registrara ningún ingreso en la UCI durante las primeras 24 horas en ninguno de los 75 municipios afectados por las inundaciones por causas directas de la DANA”, explican en el texto.
Los tiempos fueron diferentes en Córdoba, que activaron la noche del accidente a los equipos de guardia tanto de emergencias extrahospitalarias como hospitalaria. “Se hizo un llamamiento a los compañeros de intensivos, facultativos y residentes, que acudieron de forma voluntaria y masiva al hospital a prestar ayuda. El equipo de guardia acondicionó y dotó de material los boxes vacíos, valoró y preparó las áreas de desbordamiento indicadas y revisó pacientes que podían ser trasladados a unidades de intermedios o a planta para conseguir espacio a las posibles víctimas. En total, se hizo una preparación hospitalaria para atender a unos 75 heridos”, indica Carmen de la Fuente. “Otra parte del equipo se desplazó al área de urgencias (circuito de críticos) y coordinó la atención de los pacientes más graves junto con el resto de especialidades”.

Las doctoras expusieron en el Congreso Nacional la importancia de la asistencia a los familiares de los pacientes, que debe llevarse a cabo de un modo especial, al tenerse en cuenta la magnitud emocional y psicológica de una catástrofe de esa magnitud; así como el llevar a cabo un análisis posterior para identificar y medir los resultados: “Una medida necesaria y muy útil para poner de manifiesto las medidas de mejora, así como revisar la organización de la Unidad y su plan de catástrofes para futuros eventos”, concluye la doctora De la Fuente.
*Acceso al artículo en Medicina Intensiva: 10.1016/j.medin.2026.502395



