• Los intensivistas apuestan por reducir el desarrollo del Síndrome Post-UCI mediante medidas preventivas basadas en la evidencia y pautadas en protocolos.
  • Las consecuencias no solo afectan a los pacientes, sino también a los familiares y cuidadores, a los que también hay que tener en cuenta en las consultas Post-UCI.
  • La implantación de programas integrales y estructurados de prevención es aun baja, así como la puesta en marcha de consultas Post-UCI.

 

Madrid, 20 de julio de 2026. Al conjunto de alteraciones físicas, psíquicas y cognitivas que experimentan, a medio y largo plazo, los pacientes que ingresan en una UCI se le conoce como Síndrome Post-Cuidados Intensivos. Lo sufren hasta tres de cada cuatro pacientes tras su ingreso en dichas unidades y, en diferente medida, también afecta a los familiares y cuidadores de estos enfermos. La aplicación de medidas que permitan reducir su desarrollo es clave para los médicos intensivistas, que alertan del bajo grado de implementación que existe en los Servicios de nuestro país de fórmulas preventivas.

La Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC), a través de su grupo SEMICYUC Humaniza, ha llevado a cabo una serie de seminarios online en la que expertos de diferentes países han ido desgranando aspectos a tener en cuenta sobre el Síndrome Post-Cuidados Intensivos, “con el objetivo de seguir impulsando una atención integral y centrada en las personas tras la enfermedad crítica”, explica la Dra. Carola Giménez-Esparza, coordinadora de SEMICYUC Humaniza y Jefa del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Universitario Vega Baja de Orihuela. Las claves para el correcto abordaje se resumen en estos siete puntos:

1. La prevención comienza el primer día de ingreso en la UCI. Las secuelas no aparecen al alta, sino que empiezan a gestarse durante la enfermedad crítica. “La aplicación precoz y sistemática de un conjunto integral y estructurado de medidas preventivas basadas en la evidencia es la intervención con mayor impacto para disminuir las secuelas físicas, cognitivas y psicológicas”, explica la Dra. Giménez-Esparza.

2. El trabajo multidisciplinar no es una opción, sino una necesidad. La recuperación del paciente crítico requiere la participación coordinada de médicos intensivistas, enfermería de críticos, fisioterapeutas, rehabilitadores, psiquiatras, Atención Primaria… “Ningún profesional puede abordar en solitario toda la complejidad del SPCI. Y no podemos olvidarnos de las asociaciones de pacientes y familiares, que desempeñan un papel esencial de apoyo y acompañamiento”.

3. La consulta post-UCI debe formar parte de la continuidad asistencial. La consulta no representa el final del proceso, sino el comienzo de una nueva etapa. Debe integrarse dentro del itinerario asistencial del paciente crítico, con una organización estructurada, liderazgo definido, indicadores de calidad y coordinación con el resto de las especialidades.

4. La familia forma parte del tratamiento y también puede enfermar. La implicación activa de familiares y cuidadores durante el ingreso favorece la recuperación del paciente y reduce las secuelas emocionales. Además, hay que tener en cuenta el Síndrome Post-UCI Familiar, “una realidad frecuentemente infradiagnosticada. Ansiedad, depresión, estrés postraumático y sobrecarga del cuidador han de ser valorados en las consultas post-UCI”, añade la doctora.

5. Imprescindible una valoración integral y estandarizada. La consulta post-UCI debe evaluar de forma sistemática las diferentes dimensiones del Síndrome Post-UCI mediante herramientas validadas que cubran no solo las funciones física, muscular y respiratoria, sino también la parte nutricional, el deterioro cognitivo, los episodios de ansiedad, depresión y estrés postraumático, la sobrecarga y bienestar de familiares y cuidadores y otros aspectos que afecten a la calidad de vida relacionada con la salud. “Solo una evaluación estructurada permite detectar precozmente problemas potencialmente tratables”.

6. El SPCI es mucho más que debilidad muscular. Las alteraciones físicas son solo una parte del problema. El deterioro cognitivo, las secuelas emocionales, la pérdida de calidad de vida y el impacto sobre la reintegración social y laboral condicionan de forma decisiva la recuperación a largo plazo.

7. El alta de la UCI no significa el final de la enfermedad crítica. “Cada vez existe mayor evidencia de que la recuperación tras una enfermedad crítica puede prolongarse durante meses e incluso años. Nuestro compromiso como intensivistas debe extenderse más allá del episodio agudo, acompañando a pacientes y familias durante todo el proceso de recuperación”, indica la Dra. Giménez-Esparza.

La serie de seminarios online sobre Síndrome Post-UCI de la SEMICYUC contó con el apoyo de la Federación Panamericana e Ibérica de Medicina Crítica y Terapia Intensiva, a través de su Comité de Seguimiento y Rehabilitación Post-UCI; así como de la Sociedad Española de Enfermería Intensiva y Unidades Coronarias, con expertas de su Grupo de Trabajo de Continuidad de cuidados en el paciente crítico. En ellos se abordó su prevención, el seguimiento clínico en consulta y el modo de organizar y poner en marcha una Consulta Post-UCI.

Además, la SEMICYUC ha comenzado a trabajar en la creación del programa ‘Post-UCI Zero: Recuperando la vida después de la UCI’, con el apoyo del Ministerio de Sanidad y dentro de la Estrategia de Seguridad del Paciente del SNS. Mediante formación continuada y estrategias organizativas similares a las de los Proyectos Zero ya en marcha, mejorará la implementación de las medidas preventivas del síndrome en las UCI de toda España. “Uno de los objetivos es demostrar que es posible disminuir hasta 20 puntos el porcentaje de secuelas a largo plazo en pacientes que ingresan en UCI gracias a la puesta en marcha de esas medidas”, explica la Dra. Giménez-Esparza.