Qué es la Medicina Intensiva

En 1978 se reguló la formación de médicos especialistas en España, en este documento se reconocía por primera vez la Medicina Intensiva como una especialidad médica primaria.

La Comisión Nacional de Medicina Intensiva define nuestra especialidad como la parte de la medicina que se ocupa de los pacientes con disfunción actual o potencial  de uno o varios órganos que representa una amenaza para la vida y que son susceptibles de recuperación. Constituye la aplicación de unos conocimientos, habilidades y actitudes propios del nivel asistencial especializado y complejo que precisan los pacientes gravemente enfermos en un sistema de atención progresiva.

Requiere un manejo continuo de los pacientes, incluyendo la monitorización, el diagnóstico y el soporte de las funciones vitales afectadas, así como el tratamiento de las enfermedades que provocan dicho fracaso y obliga a la atención inmediata al paciente en cualquier ámbito donde se encuentre. Incluye también el soporte del potencial donante de órganos, piedra angular del éxito internacional del modelo español de trasplantes.

El cometido de la Medicina Intensiva es proporcionar una atención sanitaria centrada en las necesidades del paciente crítico. Se configura así como una especialidad horizontal o transversal al resto de las especialidades y cuyo contenido incluye el diagnóstico y tratamiento de la afectación aguda y grave de la función de todos los órganos y sistemas y el mantenimiento de la función de los órganos afectados.

Perfil del médico intensivista

El intensivista debe poseer:

  • Visión global del paciente y capacidad para proporcionar una atención integral que se centra en sus necesidades y evita el fraccionamiento de la asistencia.
  • Conocimiento profundo y detallado de la fisiología de los órganos y sistemas, de los mecanismos por los que se altera, y de los medios para preservar y mejorar la función de los órganos afectados para mantener la vida del paciente.
  • Capacidad para trabajar en cualquier lugar en el que se encuentre el paciente crítico.
  • Carácter polivalente, que hace su desempeño efectivo y eficiente. Capacidad para trabajar en equipo y para liderarlo.
  • Interés por la realización de técnicas (vías centrales, colocación de drenajes, implante de marcapasos, traqueostomías, etc.).
  • Disposición para trabajar en entornos cambiantes o en situaciones de incertidumbre, de forma estructurada y sistemática.
  • Sensibilidad y compromiso con los valores éticos; de especial relevancia en una especialidad que se desenvuelve en un medio con poderosos medios técnicos.
  • Capacidad para la toma de decisiones en el tratamiento de los pacientes con compromiso vital.
  • Posibilidad de cooperar en la prevención de las patologías graves más frecuentes.
  • Capacidad para colaborar en la formación de otros profesionales sanitarios.
  • Capacidad de afrontar con profesionalidad y responsabilidad situaciones de catástrofe que comprometan la vida de amplios sectores de la población.

Plazas ofertadas por el Ministerio

El número de plazas MIR para Medicina Intensiva varía cada año en función de la oferta aprobada por el Ministerio de Sanidad. Orientativamente, en los últimos 10 años, ha oscilado entre 140 y 170 plazas para todo el territorio nacional. Para consultar las plazas ofertadas en la convocatoria actual, habrá que buscarlas en la página del Ministerio de Sanidad.

Estructura de la residencia en Medicina Intensiva

Los dos primeros años se dedican principalmente a consolidar una base fisiopatológica sólida en la diferentes especialidades médicas, de este modo se rotará por Medicina Interna, Neurología, Cardiología, Neumología y Nefrología. Asimismo, encontraremos rotaciones en Radiodiagnóstico, Anestesiología y Cirugía General. Durante el primer año, las guardias suelen realizarse en el Servicio de Urgencias, mientras que a partir del segundo año suelen realizarse en el Servicio de Medicina Intensiva.

Los últimos 3 años de residencia transcurren directamente en las Unidades de Medicina Intensiva, siendo obligatorio rotar por unidades dedicadas a politraumatizados/neurocríticos, postoperatorio de cirugía cardiaca y unidades coronarias.

En cuanto a las competencias a adquirir en este periodo formativo, nuestro marco de referencia es el programa CoBaTrICE, que garantiza un estándar común de competencia clínica (conocimiento, habilidades, actitudes y comportamientos requeridos para realizar una tarea particular, y el estándar requerido en su funcionamiento) para todos los intensivistas europeos. Así lo recoge el Borrador del Programa de Formación de la Especialidad de Medicina Intensiva, pendiente de aprobación por el Ministerio de Sanidad.

La Medicina Intensiva no se centra en un órgano o sistema sino en un perfil de paciente. Por otra parte, nació gracias al desarrollo tecnológico que permitió el soporte vital. Por todo ello, nuestra especialidad tiene puntos en común con otras especialidades, algo habitual en el campo de la Medicina en general. Además, las UCI ocupan un lugar referencial en el sistema organizativo del hospital que depende del perfil y la complejidad de éste.

  • Compartimos con Medicina Interna el ser una especialidad transversal. De hecho, los dos primeros años de residencia tienen un camino similar a la residencia en Medicina Interna. Con buen criterio alguien nos definió como “internistas del enfermo crítico” (sea el paciente médico o quirúrgico) y esto tiene un valor incalculable cuando se trata de atender a pacientes complejos. Esta parte de la residencia, propedéutica y global, es fundamental para una historia clínica avanzada, un diagnóstico diferencial complejo y un acercamiento integrado de la disfunción multiorgánica. Sin embargo, nuestras unidades y nuestro ámbito de actuación son bien distintos, en poco se parecen una habitación de hospitalización convencional a un puesto de UCI.
  • Dentro del espectro de gravedad de un paciente siempre hay situaciones intermedias entre el paciente estable y el enfermo crítico. Esto es más habitual en determinadas patologías y, por ello, tenemos también algunos elementos comunes con Cardiología, Neumología, los servicios de Urgencias, etc.
  • Compartimos con Anestesiología y Reanimación el uso habitual de complejos dispositivos para monitorización y ventilación mecánica, fármacos y algunas técnicas. Sin embargo, salvo por algún solapamiento en función de la organización hospitalaria, la actividad habitual del anestesista y del intensivista y el perfil de los pacientes que atienden tienen poco que ver, como se pone de manifiesto en los programas formativos de las especialidades.

Aunque las unidades docentes tienen cierta capacidad de adaptación, la formación más habitual en España en las especialidades de Medicina Intensiva y Anestesiología y Reanimación se puede sintetizar en estos esquemas.

La Medicina Intensiva en el mundo

En Europa rige desde hace más de una década el programa CoBaTrICE, creado en 2003 y aprobado por el Consejo de la Unión Europea de Especialistas Médicos (UEMS). Su objetivo es definir los resultados de la formación de especialistas en Medicina Intensiva. Según los países, existen dos vías para adquirir las competencias en Medicina Intensiva y alcanzar la titulación de intensivista:

  • Llevar a cabo una especialidad primaria de Medicina Intensiva, con un programa formativo de 5 años que incluye una parte “troncal” o “básica” habitualmente común a otras especialidades como Medicina Interna, Neumología, Cardiología, etc., seguida de una parte “específica”; es el modelo de España, Suiza, Reino Unido, Portugal…, al que se siguen sumando países como Irlanda (desde 2014) y Francia (desde 2017).
  • Especializarse en otra rama de la Medicina (ej. Medicina Interna, Cardiología, Anestesiología, Neumología, Cirugía…) y después complementar la formación, habitualmente con un programa formativo adicional de 3 años (se acepta que sean 2 años si un año completo de la primera especialidad ha sido en una UCI multidisciplinar).

En Estados Unidos también hay que especializarse en Medicina Intensiva con un programa específico que puede ser una especialidad primaria (desde 1986) o a partir de otra especialidad. Los graduados cursan inicialmente 3 años de residencia de Medicina Interna y después 2-4 años de especialidad (la gran mayoría realizan una especialidad conjunta Medicina Intensiva-Neumología); de esta manera, el proceso es similar en formación al español aunque administrativamente los pasos sean diferentes. También es posible la superespecialización en Medicina Intensiva después de otra especialidad como Cirugía o Anestesiología.

Medicina Intensiva es, desde 1980, una especialidad primaria en Australia y Nueva Zelanda. Siguen el mismo modelo que España.

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